En la lista de las personas más ricas del mundo que publicó la revista Forbes recientemente se destacó una tendencia: caras de jóvenes desconocidos.
Muchos de ellos ni siquiera han empezado a trabajar o han elegido su carrera, pero han tenido mucha ayuda para llegar hasta ahí, pues por primera vez desde 2009, todos los multimillonarios menores de 30 años que figuran en la clasificación heredaron su fortuna.
De los 25 multimillonarios de 33 años o menos en la publicación, solo siete construyeron sus propios patrimonios.
Para Ken Costa, autor de The 100 Trillion Dollar Wealth Transfer (La transferencia de riqueza de 100 billones de dólares) y una de las voces más conocedoras del fenómeno, resulta claro que “nunca antes tanto dinero -en inmuebles, tierras, acciones y participaciones- había cambiado tan repentinamente de una generación a otra”.
“Y nunca antes la siguiente generación había tenido visiones tan diferentes sobre el futuro del planeta y del capitalismo en comparación con sus precursores», explica en un artículo publicado el año pasado el también banquero y filántropo sudafricano.
Su tesis principal, siendo él mismo multimillonario de la generación del boom, es que los jóvenes, excluidos de la riqueza de la que han disfrutado las generaciones mayores durante tanto tiempo, están disgustados con el capitalismo actual.
Mientras que siete de cada diez de las empresas más grandes del mundo tienen multimillonarios como directores ejecutivos o accionistas principales, solo el 0,4% de las más de 1.600 empresas más grandes e influyentes del mundo se han comprometido públicamente a pagar a sus trabajadores un salario digno.

«La década de 2020, que comenzó con la pandemia de covid-19 y vio después la escalada de los conflictos, la aceleración de la crisis climática y el encarecimiento de la vida, parece estar convirtiéndose en una década de división», afirma el documento.
«La pobreza en los países de renta baja es aún mayor que en 2019. En todo el mundo, los precios superan los salarios y cientos de millones de personas pasan apuros», advierte el texto.
Otro debate que podría presionar a este público es el que se está produciendo en el G20 en torno a la creación de un impuesto global sobre las grandes fortunas.
«Un impuesto de este tipo haría mucho más difícil para los superricos generar esta herencia sin tributar. Porque hasta entonces, cuando se cobraba un impuesto, emigraban el dinero a otra parte», señala el investigador.
Tanta concentración de la renta conlleva riesgos económicos y políticos para el planeta, señala Duque, así como una asimetría de oportunidades muy desfavorable para los que tienen menos dinero.
¿Podemos esperar que los multimillonarios generen cambios positivos para el mundo, que sufre, entre otros problemas, por la enorme concentración de ingresos en manos de unas pocas familias?
El informe de UBS señala que, si bien hay varios casos muy sonados de empresarios multimillonarios que prometen donar gran parte de su fortuna a la filantropía, es menos conocido que los herederos son más reticentes ante esta posibilidad.
«Mientras que más de dos tercios (68%) de los multimillonarios de la primera generación declararon que perseguir sus objetivos filantrópicos y tener un impacto en el mundo era el principal objetivo de su legado, menos de un tercio (32%) de las generaciones herederas expresaron la misma intención», señala el estudio 

