El renacimiento del desfile de Victoria’s Secret, tras cinco años de pausa, no solo marca el regreso de un evento icónico de la moda, sino también una jugada clave para revitalizar su imagen y fortalecer su posicionamiento en el mercado. Realizado en el Brooklyn Navy Yard, en Nueva York, el show presentó a figuras de renombre como Adriana Lima, Tyra Banks y Bella Hadid, enviando un mensaje claro de que la marca está lista para reconquistar al público global.
Este movimiento forma parte de una estrategia de reposicionamiento que busca conectar nuevamente con sus clientes y adaptarse a un entorno donde la industria de la moda ha cambiado significativamente. Desde 2019, Victoria’s Secret ha enfrentado críticas por su falta de diversidad y por perpetuar estándares poco realistas de belleza. Con su regreso, la firma parece enfocarse en modelos que representan inclusión, resiliencia y lucha personal, como Bella Hadid, quien se ha tomado un tiempo para cuidar su salud mental y ha sido abierta sobre su lucha contra la enfermedad de Lyme.

El desfile también destaca como una plataforma de marketing experiencial. Con la participación de artistas como Cher y Lisa de Blackpink, y celebridades influyentes como Cardi B y Lele Pons en la audiencia, Victoria’s Secret se aseguró de atraer tanto a la generación más joven como a su público tradicional. Esta mezcla de entretenimiento, moda y cultura pop refuerza su presencia mediática y permite a la marca competir en un entorno digital donde el compromiso emocional con la audiencia es clave.
A nivel empresarial, este regreso tiene implicaciones significativas. La empresa de lencería, que en su momento sufrió una caída en sus ventas, busca recuperar su cuota de mercado en un sector que se ha vuelto más inclusivo y diversificado. Con la caída de la audiencia televisiva de 9 millones en 2014 a 3,3 millones en 2018, el desafío es enorme, pero este nuevo enfoque puede ser un catalizador para revertir las cifras y reposicionar la marca a nivel global.
El desfile no es solo una celebración de la moda, sino una estrategia empresarial que intenta reavivar la conexión emocional con los consumidores, adaptándose a las tendencias actuales y apostando por la inclusión y la autenticidad en un mercado cada vez más competitivo.

