Ante la falta de una hoja de ruta para la reactivación, la dinámica económica se está apoyando en otros factores para avanzar.
Colombia.- El 2024 comenzó con un panorama incierto para la economía colombiana, marcado por proyecciones poco alentadoras en términos de crecimiento del Producto Interno Bruto, desempleo, inversión y costo de vida. La incertidumbre entre inversionistas y empresas sigue latente, en gran parte debido a las acciones del Gobierno relacionadas con las reglas fiscales y la reestructuración de la deuda pública. A pesar de ello, la evolución de los primeros meses del año ha sido más favorable de lo previsto. Se evitó una recesión técnica, y las «críticas catastrofistas» que predecían una crisis severa no se materializaron, aunque esto no responde a un plan de recuperación específico, sino a dinámicas internas del mercado.
Un análisis reciente de BBVA Research sostiene que, desde la pandemia, la economía colombiana ha funcionado sin un motor claro de crecimiento. A pesar de que la prioridad en el período 2020-2022 fue mitigar los efectos del Covid-19, el país no ha encontrado un sector que impulse el crecimiento económico de manera sostenida hasta al menos 2026. Mauricio Hernández, economista del equipo de BBVA, explica que aunque existen señales de recuperación, como el incremento en el consumo, la producción aún no ha alcanzado niveles óptimos. El aumento en las ventas de automóviles y viviendas refleja una mejoría en la confianza de los hogares, pero la demanda de electricidad comercial sigue siendo baja, lo que indica que la producción industrial no ha crecido al mismo ritmo.
El análisis de BBVA Research también revisa la historia del PIB colombiano, señalando que en décadas anteriores hubo motores claros del crecimiento, como la industrialización, el auge energético y la bonanza de las materias primas. No obstante, en la actualidad, no se vislumbra un sector clave que pueda jugar este rol en el futuro cercano.
Por su parte, Dapper ha observado que, aunque sectores como el agro y la administración pública han sostenido gran parte del PIB en el último año, hay señales de reactivación en otras áreas. El Índice de Seguimiento a la Economía (ISE) creció un 3,9% en julio, con un repunte en actividades terciarias como servicios, comercio y artes. Además, la producción industrial y las ventas minoristas han mostrado signos de recuperación tras meses de contracción.
Aun así, expertos como Munir Jalil, economista jefe de BTG Pactual para la región Andina, señalan que la economía colombiana sí está en un proceso de recuperación, aunque más que un crecimiento acelerado, se trata de un proceso gradual que debe ser apoyado con políticas claras para atraer inversión. Jalil advierte que es esencial mejorar las condiciones para la llegada de capitales, revisando factores como las primas de riesgo y la imagen crediticia del país, que actualmente afectan la confianza de los inversionistas.
Finalmente, Camilo Herrera, fundador de Raddar, resalta que aunque el crecimiento del PIB es positivo, depender demasiado de la administración pública como motor económico puede limitar el avance. Según Herrera, la reciente recuperación ha sido impulsada por factores como la disminución de las tasas de interés y la caída de la inflación, lo que ha permitido a los hogares aumentar su gasto. Sin embargo, advierte que sin una estrategia clara de reactivación, será difícil lograr un crecimiento sostenible y competir en igualdad de condiciones con otros países de la región.
En resumen, si bien existen señales de recuperación en varios sectores, la economía colombiana aún enfrenta importantes desafíos para encontrar un motor claro que impulse el crecimiento en el largo plazo. La inversión, la diversificación económica y la creación de condiciones favorables para atraer capitales son claves para sostener esta recuperación y evitar depender exclusivamente del gasto público.

