La multinacional Meta, que sostiene plataformas como Facebook, Instagram o Whatsapp, ha anunciado que pone fin a su programa de verificación de datos, el cual sustituirá por un sistema de apuntes de los usuarios, conocido como ‘community notes’, el mismo que usa la red social X.
La directora comparó las ‘community notes’ con una «conciencia colectiva global que hace a los usuarios más responsables» y apuntó que este tipo de anotaciones hacen que las publicaciones con información errónea se compartan menos, pese a las evidencias de mensajes de odio que se hacen virales gracias precisamente a la falta de verificación.
Yaccarino y Musk hacían así referencia a las nuevas políticas de Meta anunciadas hoy por su delegado general y creador de Facebook, Mark Zuckerberg, quien anotó que este nuevo sistema solo tendrá efecto en Estados Unidos y achacó los cambios a «un panorama político y social cambiante y un deseo de abrazar la libertad de expresión».
Musk y su papel en la política
Yaccarino dijo que los estadounidenses deberían estar «alentando el éxito abrumador» del nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, en inglés), que estará liderado por Musk junto con el exaspirante a la nominación republicana Vivek Ramaswamy.
En ese sentido, aseguró que este departamento de nueva creación y sin vinculación clara con el gobierno conseguirá unificar a Estados Unidos y se convertirá en un ejemplo para otros países.
Musk compró la red social cuando aún se llamaba Twiter y tras un tiempo a su cargo nombró a Yaccarino como directora ejecutiva.
«Hay personas influyentes en todo el mundo que expresan sus puntos de vista. Las publicaciones respaldan o expresan sus puntos de vista todo el tiempo», defendió la ejecutiva.
Musk ha usado X para llamar «tonto» al canciller alemán, Olaf Scholz, y «tirano antidemocrático» al presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, pero ha ido más lejos al pedir abiertamente el voto para el partido ultraderechista alemán Alternativa por Alemania (AfD).
En los últimos días, Musk ha emprendido una campaña contra políticos británicos, y en particular contra el primer ministro laborista, Keir Starmer, a quien acusó en X de ser «culpable de crímenes terribles contra el pueblo británico» por no investigar las «violaciones masivas» en el Reino Unido cuando era el jefe de la Fiscalía.

