Cada vez es más común el encontrarse con emprendedores en cada uno de los países de Latinoamérica, personas que se han cansado de tener un ocho a cinco y otros que entienden que ser sus propios jefes es la mejor opción para alcanzar sus sueños. Independientemente de cual sea su motivación, todos se encuentran con la misma problemática al momento de iniciar una startup (emprendimiento) y es la necesidad de tener el capital de trabajo necesario para que el proyecto pueda pasar de su etapa de inicio.
El capital de trabajo, en este caso el capital semilla, que necesita el emprendimiento para sobrepasar los dolores de parto debe cubrir los gastos operativos del proyecto hasta el punto en que este pueda sostenerse por sí mismo. Se recomienda que este capital sea de al menos lo suficiente para cubrir los primeros seis meses de operaciones, además de los gastos que conlleve la constitución o inicio del negocio.
Para esto el dueño de una startup puede utilizar dos vías de financiamiento: hacerlo con sus propios recursos o hacerlo con recursos de terceros, cada una de estas opciones trae sus riesgos y ventajas. Financiarse con sus propios recursos implica que tomaras el dinero que hayas ahorrado para iniciar tu negocio o el dinero recibido por el desahucio de tu trabajo y lo invertirás en tu idea de negocios con la finalidad de desarrollar el mismo, el mayor riesgo es que si la startup no prospera habrás perdido tu propio dinero.
La otra opción es utilizar el dinero de terceros para comenzar tu startup y mantener el dinero propio como garantía en caso de que las cosas no marchen tan bien como se esperaba. Financiar una startup va a depender mucho del mercado en el que te encuentres, cada país tiene opciones que difieren dependiendo del enfoque que estos den al emprendimiento como parte del proceso de desarrollo de la nación. Entre las opciones disponibles debemos incluir aquellas instituciones públicas y privadas de crédito que prestan “capital semilla” a startups para que estas puedan iniciar sus operaciones, estos préstamos por lo general son a tasas de interés más bajas que un préstamo personal y se debe cumplir con una serie de requisitos que varía de institución a institución.
Otra forma de financiar tu startup es hacer buen uso del crédito personal y tomar un préstamo por el monto necesario para cubrir esos seis primeros meses de operación del negocio, esta opción es de mayor riesgo que la anterior, ya que estás comprometiendo tu capacidad de pago y por algunos años tus flujos de efectivo estarán comprometidos con la amortización del préstamo.
También puedes recurrir a la opción de utilizar una tarjeta de crédito personal para cubrir los gastos del negocio, aquí lo principal que se debe tomar en cuenta es la capacidad para poder hacer los pagos de la tarjeta sin que esta incremente tus costos operativos mediante el pago de intereses.
En algunos países se cuenta con empresas de desarrollo de inversión, o inversionistas particulares cuya finalidad es proporcionar capital de inicio a startup en las que encuentran potencial de crecimiento, este capital de inversión es a cambio de una participación en el proyecto que puede ser por un tiempo limitado o permanente; esto hasta que ellos pueden recibir su inversión.
A lo mejor al llegar hasta aquí te estés preguntado que cuál de las opciones es la mejor para ti, y solo puedo decirte que es algo que te toca decidir y lo debes incluir en el plan de negocios de tu startup, ahí debes plasmar de donde surgirán los recursos necesarios para poder desarrollar tu emprendimiento. Es muy probable que hagas uso de una combinación de las opciones que te he mencionado. Sin importar cual opción decidas utilizar, es importante que tengas claro como obtendrás los recursos (flujos) para pagar el financiamiento, por eso es vital tener un plan de negocios bien elaborado.
Finalmente, te recomiendo ver cuáles son las opciones que existen para las startups en el país en que resides y tomar aquella que más se ajuste a tus necesidades y capacidades.

